Las fuentes renovables en el contexto energético
 

Pocos bienes juegan un papel tan relevante en nuestras vidas como el que corresponde a la energía: nos da luz, calor, facilita nuestra movilidad y la de nuestros productos, atiende a demandas crecientes de producción en la industria, da vida a una amplia gama de equipos básicos en sectores como la sanidad, las comunicaciones, la educación, el comercio, el sistema financiero, el ocio, y cuantos otros podamos imaginar, a la vez que permite el funcionamiento de múltiples aparatos que contribuyen en los hogares a proporcionar confort a los ciudadanos, que somos, en definitiva, los destinatarios finales de toda la corriente de bienes y servicios producidos.

 
 

Lástima que algo tan esencial no se encuentre en la naturaleza en todas sus formas en cantidades ilimitadas y, por qué no anhelarlo, su utilización fuera inocua. Pero la realidad es tozuda: a la vez que la energía es un elemento clave en el desarrollo económico y social, su uso produce una continua agresión al medio ambiente, constituye la principal injerencia humana en el sistema climático y provoca el consumo acelerado de unos recursos finitos.

Además, en la mayor parte de los países desarrollados, la escasez de materias primas energéticas para abastecer una demanda elevada y creciente, da lugar a una notable dependencia exterior.

Es lógico, por tanto, que una adecuada gestión de la energía ocupe cada vez un lugar más importante en la toma de decisiones y en los hábitos, tanto en la esfera pública como en la privada. Por ello, el crecimiento sustancial de las fuentes de energía renovables, junto a una importante mejora de la eficiencia energética, son dos elementos estratégicos de nuestra política energética con vistas a asegurar un desarrollo sostenible.

Frente a las fuentes convencionales, las energías renovables son recursos limpios e inagotables que nos proporciona la naturaleza, con un reducido impacto ambiental. Las energías renovables, además, por su carácter autóctono, contribuyen a disminuir la dependencia de nuestro país de los suministros externos, aportan estabilidad y diversificación al abastecimiento energético y favorecen el desarrollo tecnológico y la creación de empleo.